martes, 29 de octubre de 2013


Desde España

El profesorado de ciencias insiste en presentar una visión idealizada de la ciencia como saber objetivo, descontextualizado y exento de valores cuando, en realidad, la ciencia está arraigada en la sociedad, tiene un lenguaje y utiliza metáforas cuyo origen está en las raíces culturales y en las vidas de los científicos responsables de producir nuevos conocimientos. La separación entre ciencia y tecnología ha contribuido también a reforzar esta tendencia; esto es, a eliminar cualquier consideración de los impactos de la ciencia y la tecnología en la sociedad. Sin embargo, hay bastantes pruebas de la mejor actitud hacia la ciencia que generan ciertos proyectos educativos que siguen las orientaciones del movimiento CTS." (Selección traducida y adaptada del original)
De acuerdo con el panorama mostrado, es evidente que en las enseñanzas obligatorias, donde la población general debe adquirir capacidades básicas como una mejor comprensión de la ciencia y la tecnología, no se dan oportunidades suficientemente explícitas para promover en el alumnado una alfabetización científica y tecnológica que sea más útil para su vida personal y social (Manassero y Vázquez, 2001). Además, si se tiene en cuenta que a esas edades los estudiantes suelen decidir sus elecciones para el futuro y que las estadísticas muestran que son cada vez menos los que optan por estudios de ciencia y tecnología, se justifica por sí sola la necesidad de potenciar mucho más una alfabetización científica y tecnológica como la sostenida en este artículo para intentar resolver la crisis de la enseñanza de las ciencias que alcanza a la mayoría de los países industrializados en la enseñanza secundaria
La didáctica de las ciencias española tampoco puede librarse de cierta crítica porque, en general, llega con retraso al debate internacional que se ha originado alrededor de la alfabetización científica y tecnológica para todas las personas. Con pocas excepciones, que más bien son recientes, los especialistas españoles en didáctica de las ciencias han estado bastante ajenos a esta polémica, mayoritariamente ocupados en prestar una atención casi exclusiva a los métodos de enseñanza y a los fundamentos psicopedagógicos de los aprendizajes escolares
urge corregir el sesgo que se ha producido a favor del cómo enseñar y cómo se aprende frente al qué enseñar y, aún más, el para qué enseñar ciencia. Con otras palabras, es preciso reflexionar más sobre las finalidades de la educación científica, lo que supone abordar un dilema educativo que ni mucho menos es trivial, el cual debe hacerse explícito con suficiente claridad porque las posiciones que se puedan tomar ante el mismo no son inocentes y están fuertemente cargadas de intenciones, intereses e ideología.
La alfabetización científica y tecnológica para todas las personas aporta a la educación científica valores añadidos como la utopía y la dilatación temporal
Para concluir, conviene no olvidar el papel central del profesorado en toda innovación:
"La eficacia de los profesores de ciencias se nota cuando muestran entusiasmo para promover actitudes positivas hacia la ciencia y tecnología en la sociedad". Para hacer viables estas propuestas se requiere, por un lado, que el profesorado de todos los niveles del sistema educativo pueda reflexionar responsablemente sobre cuáles deben ser las principales finalidades de la enseñanza de las ciencias para el siglo XXI (Solbes, Vilches y Gil, 2002a; Tenreiro-Vieira, 2002) y, por otro, es necesario que reciban una formación de calidad en las orientaciones que promueve el movimiento CTS, entendidas éstas como una innovación educativa que está en consonancia con las más relevantes y actuales recomendaciones internacionales para propiciar en la enseñanza de las ciencias la alfabetización científica y tecnológica más completa y útil posible para todas las personas.

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